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Astrología, Medicina y Magia

Las obras de astrología traducidas del árabe al latín en los siglos XII y XIII fueron absorbidas con avidez por los practicantes de la medicina, atraídos por el prestigio de ligar su arte al estudio de los cielos. Las técnicas astrológicas complementaron, más que sustituyeron, a la medicina galénica tradi­cional' permitiendo a los médicos descubrir cuáles eran las horas más propicias para administrar medicinas, sangrar a los enfermos, practicar la cirugía y predecir el desarrollo de una enfermedad. A finales del siglo XIV los médicos de muchos países eran obligados legalmente a calcular la posición de la luna antes de practicar una operación, y se desa­rrolló una nueva versión plegable del almanaque que permitía a los fisicos llevar sus ins­trumentos de medicina astrológica a sus pacientes. En la medicina astrológica, los aspectos matemáticos y proféticos de la astrología interactuaban con las teorías clásicas tardías que situaban el microcosmos del cuerpo del hombre en relación con el macrocosmos. Esta relación se representaba a menudo en forma de un diagrama llamado «el Hombre Microcósmico». La figura humana central está rodeada de las esferas de los cuatro elementos y los planetas, ocupando el lugar de la Tierra en la cosmología medieval. Cada esfera planetaria contiene una breve anotación que la sitúa astronómicamente, cosmológicamente y en relación con el hombre. El comentario que aparece dentro de la esfera de Saturno, por ejemplo, afirma que este planeta completa su órbita en treinta años, se encuentra en el séptimo cielo y rige sobre el bazo. Más allá de las órbitas planetarias se encuentra la esfera de los signos del zodiaco desde cada uno de los cuales surgen líneas rojas que se dirigen a la parte del cuerpo humano sobre las que rigen, y débiles líneas negras las unen a sus gobernantes planetarios. Desde la cabeza hasta los pies, desde el hígado hasta el corazón, el hombre era objeto de influencias celestiales que determinaban su relación de simpatía y dependencia con el Universo. Estas se asientan sobre la relación entre el hombre y Dios, al que no se omite en el diagrama: la última esfera del universo es «el cielo empíreo donde está el Señor Jesucristo». La medicina astrológica se basaba en una serie de principios que tienen su origen en los autores de la Antigüedad tardía. El hombre se componía de las cuatro cualidades: caliente, frío, húmedo y seco, que se combinaban con los cuatro elementos primarios: aire, tierra, fuego yagua. Su carácter e inclinaciones naturales quedaban determinadas por el predominio de uno de los cuatro fluidos o humores constituyentes y vitales de su cuerpo: sangre ( aire), bilis amarilla (fuego), flema ( agua) y bilis negra ( tierra) . Estos le dotaban de un temperamento sanguíneo , colérico, flemático o melancóhco. La salud del cuerpo dependía del equilibrio de los humores y la enfermedad era percibida frecuentemente como el resultado de la preponderancia o la deficiencia de uno de ellos. Los temperamentos y los desórdenes corporales se asociaban a signos del zodiaco y planetas concretos, cuya influencia en un paciente se podía percibir mediante el anilisis de su horóscopo. Los hombres y las mujeres bajo la influencia de Saturno, según el texto astrológico del siglo XIII Compilatio de astrorum scientia, de Leopoldo de Austria, serían pro­pensos a padecer «largas enfermedades, y particularmente aquéllas que se deben a humo­res melancólicos... tales como lepra, gota, fistulas, cáncer, pulmonía, fiebre cuartana, antojos o marcas de nacimiento, aromas fétidos y mal aliento de la boca y de la nariz». La luna era el planeta más importante para la medicina astrológica, debido a su cercanía a la Tierra y a la creencia de que afectaba al incremento y la disminución de los humores de la misma manera en que influía sobre las mareas. Uno de los métodos prin­cipales para corregir cualquier trastorno en el equilibrio de los humores era la flebotomía o sangría, para la que se aconsejaban ciertos días lunares, mientras que otros se creían peligrosos. Se consideraba especialmente arriesgado sangrar a un paciente o practicarle cirugía cuando la luna se encontraba en el signo del zodiaco que regía la parte del cuerpo lesionada. De ahí que el médico con un instrumento para sangrar que aparece a la derecha del rey en una miniatura del Secreta secretorum se empareje con un astrólogo en el lado contrario, que sostiene un instrumento para determinar la posición del sol y de la luna. El disco móvil era otro instrumento para localizar la posición de la luna en el zodiaco. Un elegante ejemplo en pergamino del libro del Gremio de los Barberos-Cirujanos de York, aparece rodeado por los santos patronos del gremio, san Juan Bautista y san Juan Evangelista (arriba), y los santos patronos de la medicina y la cirugía, san Cosme y san Damián (debajo). Se comenzaría colocando el índice del sol (el disco giratorio y la aguja) apuntando hacia un día concreto del año del disco exterior que representa el calendario. El índice central de la luna (que aquí falta) se situaría entonces en el día lunar marcado en rojo en el índice solar y así se sabría sobre qué signo del zodiaco se encontraba. La imagen omnipresente de la medicina astrológica es el hombre del zodiaco, una llamativa representación de un hombre desnudo literalmente plagado de signos zodiacales que presionan sobre las partes del cuerpo que se encuentran bajo su dominio. Como una ayuda visual atractiva que pervive en cientos de ejemplares, pudo estar destinado a incrementar la comprensión del paciente y también la del médico, impre­sionándoles con la influencia de lo celestial en las artes médicas. Presenta las partes del cuerpo sobre las que rigen los signos del zodiaco y se acompaña de advertencias contra las sangrías y las operaciones a horas desaconsejadas según la posición de la luna (en esta miniatura los peligros quedan subrayados por el gesto de cautela del hombre del zo­diaco) . A menudo se dotaba a estas figuras de un aire piadoso mediante su pose, muy similar a la de Cristo, y su pasiva desnudez, que al menos en una ocasión hicieron que su significado se malinterpretara. Cuando, en 1557, el arcediano de Canterbury, Nicholas Harpsfield, emprendió una de las visitas que hacía dos veces al año a las iglesias y al clero, se horrorizó al descubrir que los servicios religiosos de la capilla de Egerton se realizaban ante la imagen de un hombre desnudo rodeado de los doce signos. No nos consta que hubiera ningún castigo para los confundidos clérigos, pero sí que el archidiácono ordenó que se les proporcionara inmediatamente una estatua de la crucifixión. El hombre del zodiaco proviene de un almanaque astrológico y médico construido a partir de pequeños trozos de pergamino cosidos en sus extremos, que fueron desdoblados en secciones para revelar parte del calendario, una tabla útil o un diagrama astronómico o médico. Estas versiones plegadas del popular almanaque se fabricaron para los practicantes de medicina en la primera mitad del siglo xv, porque podían pegarse convenientemente al cinturón del médico cuando visitaba a sus pacientes. Muchos de los almanaques plegables que han llegado hasta nosotros contienen también pronósticos pictóricos de varios tipos. Relacionados con los textos de adivinación popular por los días de la luna o el día de la semana en que caían importantes días festivos, su forma pictórica sugiere que debieron ser diseñados para usuarios iletrados. En el ejemplo aquí ilustrado (47), cada uno de los días de la semana (a-g) y de las horas del día (I-XII) queda ligado a un planeta y a un símbolo. El Sol se asocia a un par de manos estrechadas; la Luna, auna flecha; Marte, a un niño recién nacido, etc. Este tipo de pronosticación se usaba para identifIcar los días y las horas apro­piados para realizar diversas actividades, tales como casarse, partir a la guerra o de caza, bautizar a un niño, realizar transacciones económicas o incluso cortar madera. También se consultaba para averiguar el carácter o la futura ocupación de un niño (comerciante, soldado, guardabosques), según el día y la hora de su nacimiento. La práctica de la astrología nunca se separó demasiado de las artes ocultas, tanto adivinatorias como mágicas o alquímicas. Los métodos populares de adivinación a través de los días de la luna y los signos zodiacales se mantuvieron estrechamente asociados a sus equivalentes más cultos en método y en manuscritos. La geomancia, el arte de adivinar dibujando una serie de puntos (sobre la tierra o sobre pergamino), tomó prestadas muchas técnicas de la astrología, aunque sus practicantes no necesitaran un astrolabio. A menudo considerado una rama de la astrología, este arte adivinatoria cayó en gracia de varios soberanos medievales: las figuras ilustradas aquí fueron copiadas de un tratado de geomancia perteneciente a Ricardo Il. Cada una de ellas representa una de las configuraciones de puntos producida por complejos cálculos astrológicos a partir de los cuales el geomante realizaba sus predicciones. Según la tabla que las acompaña y que muestra la naturaleza y propiedades de cada modelo, ambas están ligadas al planetaVenus. La astrología compartía con la alqullnia muchas suposiciones relativas a la naturaleza y la clasificación de los planetas y los signos del zodiaco. De particular importancia para la alqullnia eran las conexiones entre los planetas y los metales: el Sol y la Luna con el oro y la plata; Mercurio con el azogue, al que más tarde dio nombre; el lento Saturno con el plomo, denso y pesado; Júpiter con el estaño; Venus con el cobre, y Marte, el dios de la guerra, muy adecuadamente con el hierro. Los alqullnistas utilizaban también las técnicas astrológicas, en particular, como en la medicina, con el objetivo de establecer los momentos óptimos para sus actividades. Un ejemplar elaboradamente ilustrado de los cinco primeros capítulos del Ordinal] of Alchymy de Thomas Norton de Bristol (e. 1433­15 13 / 14), contiene horóscopos vivamente coloreados cons­truidos para diferentes etapas en la preparación de la piedra mosofal .Los usos mágicos de las imágenes astrológicas se proponen al final de un manuscrito en el que un dibujo a tinta del signo de Leo ilustra el libro astrológico de Leopoldo de Austria . Un escriba posterior ha añadido una receta a este volumen, que da instrucciones para construir un talismán de oro o plata con la forma de un león inscrita en él, en el día y en la hora del sol. Según el autor, «este sello debe atarse a un cinturón que se llevará alrededor de los riñones. Estoy seguro de que el que lo conserve nunca más sufrirá dolor». Sigue estas instrucciones una obra atribuida a Hermes Trimegisto, De yrnaginibus, que describe la fabricación de talismanes que portan imágenes de los signos del zodiaco y sus usos médicos particulares. El grabado de talismanes astrológicos con propósitos médicos estaba en la frontera de la práctica aceptable. Según el teólogo del siglo XIII santo Tomás deAquino, grabar caracteres mágicos en un objeto suponía un intento de comunicarse con los demonios, mientras que los dibujos grabados poseían un aspecto más inocente. Podían usarse simplemente para canalizar el poder natural de los cuerpos celestiales hacia una piedra preciosa o una lámina de metal. La aceptación de esta práctica pudo haberse incrementado tras la más infame utilización de un talismán médico en la Edad Media. En 1301, el astrólogo y médico catalán Arnau de Vilanova trató el riñón del papa BOnllacio vm con el talismán del león. El Papa despertó una gran indignación entre los cardenales cuando afirmó que su uso había aliviado su sufrimiento. Omne bonum, una enciclopedia de mediados del siglo XIV, de derecho canónico, teología y sabiduría general, compilada por un inglés llamado ]acobus, traza las fronteras del «bien» y el «mal» en astrología. La inicial iluminada (e de ConstelIacio) de un astró­logo vestido con atuendo escolar (50) presenta una advertencia a los estudiantes de este arte. Aunque sus ojos se fijan en el cielo y su mano derecha descansa sobre una tabla astrológica, con su mano izquierda toca o señala un círculo mágico en el que se encuentra un pequeño pero monstruoso demonio. La astrología, según este texto, es permisible cuando es útil, es decir, "cuando sirve a la enseñanza de la astronomía o ayuda a los campesinos o a los médicos"­ Jacovus condena la astrología que sirve a propósitos mágicos  o supersticiosos. La miniatura sugiere que se refiere a textos mágicos que describen la conjuración de espíritus ligados a los cuerpos celestiales y la elección de rituales mágicos según momentos astrológicos adecuados. Los planetas eran una fuente de poder ambiguo en la Edad Media, porque los filósofos no estaban de acuerdo sobre si sus esferas móviles se podían identificar con espíritus dotados de alma y voluntad. Algunos textos mágicos afirmaban poder canalizar la influencia de los planetas según las reglas astrológicas que definían sus fuerzas y debilidades en las diferentes partes de los cielos y en relación con los otros. Otros dirigían invocaciones a los espíritus de los planetas y de los signos del zodiaco, y por consiguiente se ganaban acusaciones de idolatría. Para muchos, quizá la mayoría de los astrólogos, su práctica del arte no era incompatible con su fe, e incluso podía ser usada para aumentar su conocimiento de Dios y de los asuntos religiosos. Dentro de este espíritu, el teólogo Pierre d'Ailly (1350-1420) escribió obras defendiendo la práctica de la astrología cristiana, y Richard Trewythian abrió una de sus revoluciones anuales con la cita «Conocer y entender pertenece a lo más glorioso, puesto que toda la sabiduría proviene de Dios». Un usuario del elegantemente ilustrado Liber Albumasaris  construyó un horóscopo para la natividad de Jesucristo en una guarda del manuscrito , Y si el nacimiento de Cristo podía ser analizado astrológicamente, lo mismo podía decirse de la piedad. Según una obra de adivinación lunar, que afumaba que el decimosegundo día de la luna era el día del nacimiento de Moisés, «quien nazca este día, será religioso» . En la Edad Media, los astrólogos consiguieron por lo general mantener el delicado equilibrio mediante el cual su arte era respetado como una rama de la sabiduría y tolerado por la Iglesia. Ambos estaban inevitablemente ligados y ambos sufrieron crecientes ataques a principios de la época moderna. Aunque mu­chos de los que abogaron por la Reforma y la Contrarreforma buscaron distanciarse de toda técnica con un atisbo de superstición, el menoscabo fundamental del estatus de la astro­logía como ciencia erudita vino con las trans­formaciones en la teoría cosmológica. Al mis­mo tiempo que la fisica aristotélica perdía su influencia y el centro del universo se alejaba de la Tierra, los cimientos filosóficos de la astro­logía se disolvían, y ésta fracasaba cada vez más en sus intentos de cumplir con las normas del nuevo concepto de ciencia. El arte de la astro­logía, con toda su complejidad, sobrevivió, si bien a la deriva de las nuevas corrientes que trataban la naturaleza del universo, con una popularidad duradera debido a su atractivo irmato para el hombre y su compulsivo deseo de conocer el futuro.

Fuente: "La Astrología en los Manuscritos Medievales" Sophie Page
publicado por RolandodeSantiago Tarot

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