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El Lugar de la Astrología en la Sociedad Medieval

El arte de la astrología se integraba en un amplio grupo de creencias y prácticas de la sociedad medieval: la cosmología y la filosofía natural, la medicina, la agricultura, las predicciones meteorológicas y la alquimia. Según la cos­mología medieval, la Tierra anidaba dentro de una serie concéntrica de esferas de los elementos, los planetas y las estrellas fijas . Este mundo estaba dividido en dos ámbitos distintos. Bajo el globo lunar y hasta el centro de la Tierra, las esferas de los cuatro elementos y todos los cuerpos por ellos integrados eran corruptibles y cambiantes. Por encima se situaba la región celestial incorruptible de las siete esferas planetarias, el octavo cielo o esfera de las estrellas fijas, el noveno cielo cristalino y el décimo cielo o primum mobile. El décimo cielo iniciaba los movimientos de los demás orbes: en el diagrama simplificado que se representa aquí este movimiento cosmológico es instigado por los ángeles. Más allá se encuentra una esfera inmóvil llamada el cielo empíreo, que contenía al mundo dentro de ella y era la morada de Dios, los ángeles y los bienaventurados. El lugar de la astrología dentro de esta cos­mología quedaba asegurado por la preeminencia de la fisica aristotéhca en la filosofia natural, desde el siglo XII en adelante.Ya que Aristóteles (384-322 a.e.) había defendido, en la Meteorologica y en otras de sus obras, que los procesos de generación y decadencia de la tierra eran causados por cambios en los cielos, los cuerpos celestes se incluían como causas en la larga cadena de influencia que descendía desde Dios y los ángeles hasta la Tierra. Vívidos ejemplos de la influencia celestial, tales como la del sol sobre las estaciones o la de la luna sobre las mareas, suponían un respaldo adicional a la «astrología natural». La rales, las plantas y los animales y la consiguiente im­portancia de la astrología en la medicina, la agricultura, la meteorología y la alquimia era casi universalmente aceptada. Sólo la influencia de los planetas sobre los humanos causaba un serio malestar en la Edad Media. Muchas soluciones de compromiso a este problema, propuestas tanto por astrólogos como por eclesiásticos, situaban los cuerpos, las pasiones y los arrebatos de los hombres bajo el dominio de las estrellas, mientras que salvaguardaban su alma y su razón, así como el libre albedrío del individuo. Mientras los teólogos debaúan acerca del papel exacto de la astrología en el esquema cosmológico, circulaban textos que señalaban relaciones precisas entre los cuerpos celestiales y los objetos sublunares. Los herbarios y lapidarios astrológicos describían plantas y piedras concretas que recibían su forma y su naturaleza de los planetas, de los signos del zodiaco y, a veces, de las estrellas fijas. Además de enumerar sus propiedades, estos textos daban a menudo instrucciones para Íntensificar el poder natural de las plantas y las piedras, eligiendo el momento de usarlas según la influencia del planeta, la constelación o la estrella que las regía. La teoría y la práctica de la astrología natural y de otras artes ocultistas lograron una gran difusión a través del popular e influyente Secretum secretorum (véanse 21, 28, 29 Y 43), texto que pretendía ser una epístola del filósofo Aristóteles a Alejandro Magno. Además de abogar por la práctica de la astrología erudita, muchas versiones de esta obra contenían descripciones de las influencias celestiales sobre las plantas y las piedras. El Secretum secretorum distinguía entre dos aproximaciones a la filosofía natural: el conocimiento de las propiedades de las cosas y el funcionamiento de los objetos naturales. Según est.e texto, cada planta actúa en función de uno de los planetas, una afirmación que se ilustra en una miniatura de un manuscrito cuidadosamente ilumi­nado realizado para el rey Eduardo III de Inglaterra en 1326-1327. En él se dice que las plantas que carecen de luz son gobernadas por Saturno, mientras que aquéllas que florecen pero que no dan fruto están dominadas por Marte. Se ofrecen unas cuantas recetas prácticas, incluyendo una para usar siete semillas de un árbol llamado androsman. Se aconseja al que las use «triturarlas en su nombre (el de la persona a la que deben afectar), cuando surge Venus, de manera que sus rayos las toquen. Dárselas a beber o comer, y el miedo morará en su corazón y te obedecerá siempre, durante toda tu vida». Una especie sin nombre, de amplias ramas y flores blancas «es pro­piedad de Marte y Mercurio y de la naturaleza del fuego y el aire. Su poseedor nunca carecerá de sosiego mientras la lleve encima». Otra miniatura de este manuscrito representa a un sirviente del rey llevándole «dos piedras con maravillosas virtudes que se encuentran en los lugares oscuros». Éstas salen a la superficie del agua y descienden a las profundidades dependiendo de si el sol sale o se pone . Las des­cripciones de plantas y piedras del Secretum secretorum eran adecuadas al contexto de Alejandro Magno recibiendo enseñanzas sobre las maravillas de la naturaleza de su consejero Aristóteles. Esta imagen del rey como poseedor de una sabiduría oculta era conveniente para los gobernantes de la Edad Media, de los que se esperaba que pose­yeran los poderes milagrosos de un monarca elegido por Dios.Encontramos sencillos aforismos sobre la influencia de la luna en las plantas y los animales, en las labores estacionales del campo y en el clima en otros contextos: obras sobre adivinación lunar e incluso escritos sobre agricultura. Ilustraciones de un perro de caza, un arado y una cesta de semillas acompañan un texto adivinatorio que afirma que el vigésimo quinto día de la luna es «bueno para cazar y comenzar a plantar la simiente». Los granjeros que consultaban estos tratados no habrían comprendido, o no se habrían interesado, en las complejas teorías y cálculos de la astrología erudita, aunque sus creencias populares se basaban en las mismas premisas de influencia celestial. Del mismo modo, los marineros que conocían los efectos del sol y la luna sobre las estaciones y las mareas, y que predecían el tiempo a partir de las señales fisicas de estos cuerpos celestiales, quizá no consultaran textos astrológicos, aunque estaban realizando una asociación sirni­ lar entre los cambios celestiales y los chInáticos. El enciclopedista san Isidoro de Sevilla (570-636) relacionaba la iconogrma de los signos del zodiaco con las condiciones meteorológicas propias de su mes. Sus comentarios se copiaron en un manuscrito italiano que representa a Capricornio, de forma poco habitual, como un unicornio . Este di­bujo a tinta se acompaña de una nota que dice que antiguamente se representaba el signo como una cabra con cola de pez, debido a las fuertes lluvias que caían en diciembre. Un intento mucho más sistemático de relacionar los fenómenos celestiales con el chIna lo encontramos en un manuscrito de finales del siglo XIII, propiedad de William Herbert, provincial de los franciscanos de Oxford. Las tablas astrológicas que muestran las posiciones diarias de los planetas para el año 1269-1270 se acompañan de notas margi­nales acerca del chma. Parece ser que Oxford no tuvo una blanca Navidad en diciembre de 1269. Según el anotador, hubo heladas matutinas cada mañana desde el día 22 hasta el 29, pero se fundieron rápidamente y llegaron días de buen tiempo.Los símbolos astrológicos se establecieron en la conciencia medieval como parte de la iconogrma del tiempo, con los planetas vinculados a las horas y los días de la semana Y los signos del zodiaco a los doce meses. Los signos Aries, Tauro, Géminis y Cáncer  ilustran el De temporum ratione (c. 722-725) de Beda el Venerable, un influ­yente tratado sobre el cómputo, es decir, la medida del tiempo con el objetivo de con­feccionar el calendario de la Iglesia. Para Beda, el zodiaco era una convención de la me­dida astronómica, parte del aparato necesario para calcular la fiesta movible de la Pas­cua, que suponía la complicada coordinación de datos lunares y solares. En su obra, los signos del zodiaco se acompañan de un poema que liga a cada uno de ellos a un mes en el calendario solar. La curiosidad acerca de los significados mitológicos y astrológicos del zodiaco y los planetas es, sin embargo, evidente en los márgenes de muchos tratados sobre el cómputo. En este manuscrito de Beda, del siglo XIII, el escriba ha añadido notas a los mitos grecorromanos ligados a dos de los signos: los gemelos Cástor y Pólux (Géminis) y el ]úpiter en forma de toro que raptó a Europa (Tauro).Los tratados sobre el cómputo se acompañaban frecuentemente de breves textos adivinatorios que dependían, como el calendario, del cálculo de los movimientos del sol y de la luna. Estos tratados eran fáciles de usar y fueron populares a lo largo de la Edad Media. Algunos estaban estrechamente ligados a la información dada por el calendario, ofreciendo predicciones generales para el año según el día de la semana en que cayera la Nochevieja, elIde enero o la Navidad. Otros relacionaban la posición del sol en el zodiaco al carácter de los individuos o a la predicción del tiempo. Según una obra de adivinación mediante los truenos, por ejemplo, «cuando truene en Géminis (es decir, cuando el sol se encuentra sobre este signo) habrá mucha lluvia y granizo, el trigo se multiplicará y muchos gusanos llegarán arrastrándose». El manuscrito con ilustraciones de Capricornio. Y de los demás signos del zodiaco contiene también un tratado sobre el cómputo y una copia ilustrada del Liber introductorius del astrólogo del siglo xm Miguel Escoto. Esta última obra ofrece breves descripciones de caracteres y predicciones acerca de los nativos de cada signo y cons­telación. Si un hombre nace bajo la constelación del Delfin, por ejemplo, «se divertirá fácihnente... presenciará y escuchará grandes novedades. Viajero, herirá a muchas con su seducción. Será más pobre que rico y, aun así, vivirá sin grandes esfuerzos». 
Los calendarios ilustrados con los signos del zodiaco estaban presentes no sólo en los manuscritos que se ocupaban de la medida del tiempo, sino también en los libros de oración. El breviario del sacerdote, libro para su devoción privada, contenía un calendario con una lista completa de las fiestas de la Iglesia y las oraciones que las acompañaban. Del siglo XII en adelante este tipo de volumen se adaptó cada vez más al uso secular como compendio de textos devocionales dedicados a la Virgen y que se correspondían a las ocho «horas» canónicas de los servicios. Estos «libros de Horas», enormemente populares, y normalmente pequeños y muy decorativos, estaban destinados al uso privado de los seglares. Abrían con un calendario en el que los signos del zodiaco encabezaban listas de los días de los santos y a menudo se entremezclaban con sus retratos y con escenas religiosas. En este contexto, la iconografia de los signos llegó a un público muy amplio, atestiguando su exitosa cristianización. El artista italiano de un libro de horas francés, por ejemplo, ilustraba el folio del mes de mayo con imágenes relacionadas con el tema del amor y los amantes. Géminis se representa mediante una pareja de enamorados, junto con la creación de Eva a partir de la costilla de Adán y una pareja a caballo  . En la página opuesta Venus, la diosa del amor, aparece bañándose, mientras Cupido, con los ojos vendados, permanece en la orilla. Es muy probable que la integración de los signos del zodiaco en el calendario medieval aumentara la credibilidad de las conexiones establecidas por la astrología natural entre los cielos, la meteorología y las actividades estacionales de la agricultura, ya que el calendario se solía acompañar también de los doce «trabajos de los meses», extraídos de las actividades agrícolas del campo, tales como el engorde de los cerdos con bellotas en noviembre . Las labores de los meses suponen una visión idealizada de la naturaleza, en la que campesinos robustos y capaces realizan con serenidad importantes labores agrícolas. Este ordenado mundo en el que el trabajo, el campesino Y la estación se encuentran en armonía en un ciclo predecible y repetido tiene bastante relación con la concordancia astrológica entre los planetas, los tipos de personas y las ocupaciones. A pesar de ello, suele haber muy poca astrología en los calendarios medievales, excepto la probablemente fortuita. A veces se ilustran escenas de panadería junto con Capricornio (diciembre), cuyo regente planetario Saturno gobernaba sobre los panaderos, y en un breviario español de finales del siglo xv, Acuario, a menudo considerado un signo de lluvia, vierte su jarro de agua en el paisaje que aparece debajo de él. Los imaginativos artistas que inscribían los signos del zodiaco en el mundo real tenían más interés en incorporarlos ingeniosamente que en sus implicaciones astrológicas: así, Piscis se convierte a veces en un pez que está siendo asado en una parrilla; Acuario, en un criado sirviendo vino; y Cáncer, en el Salterio de la reina Mary, de principios del siglo XIV, es sacado del agua por un par de pescadores . Una convención pictórica con ciertas similitudes con la conjunción del calendario entre los signos del zodiaco y las labores, pero que descansa en fundamentos astrológicos, es la de los «hijos de los planetas» . La tradición iconográfica demostraba el al cance de la influencia celestial en la sociedad humana, situando diferentes grupos y ocu­paciones sociales bajo la regencia de cada uno de los planetas. En el primer ejemplo que damos aquí, de la Epitre d'Othea a Hectar (1399-1400) de Christine de Pisan, Diana, la diosa de la Luna, aparece sentada en la curva de su esfera planetaria apuntando con su arco y su flecha a sus «hijos» o «adeptos», que se colocan en posiciones extrañas denotando su condición de lunáticos . Christine de Pisan, como hija de un astrólogo y médico de la corte de Carlos V de Francia, sabía incorporar sus conocimientos astrológicos en sus obras literarias. En la Epitre d'Othea los planetas y sus seguidores están destinados a ilustrar la gama de virtudes y vicios que un buen caballero debía poseer o evitar. Debía es­quivar la inconstancia y la locura representada por la Luna, pero ambicionar la elocuencia y los buenos consejos representados por Mercurio y sus seguidores . La ampha difusión de las ideas y de la iconografia astrológica queda patente en su presencia en dos de los hbros más populares que circulaban en el medievo: el Secreta secretarum y los calendarios de los hbros de horas. Es más dificil valorar el alcance de estas enseñanzas entre el púbhco en general, y de qué manera se mezclaron con las creencias populares relativas a las influencias del sol y la luna. Los hbros de horas ilustrados pudieron ser usados por la gente semi-alfabetizada, y la práctica habitual de leer los hbros en voz alta habría incrementado la transmisión de las creencias y las prácticas astrológicas. Pero quizá la forma más común de exposición de la astrología fuera a través de la práctica de la medicina astrológica.

Fuente:"La Astrologia en los manuscritos medievales"  Sophie Page
publicado por RolandodeSantiago Tarot

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