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El Arte de la Astrología: Instrumentos y Principios

El aspirante a astrólogo de finales de la Edad Media tenía que llegar a dominar las técnicas, tanto astronómicas como matemáticas, necesarias para construir un horóscopo, así como un complicado número de reglas para interpretar las configuraciones celestiales representadas en este diagrama esencial. Después del siglo XII, los estudiantes adquirirían las técnicas astronómicas requeridas estudiando el quadrivium, las materias matemáticas de los estudios universitarios de humanidades. Las técnicas astrológicas se consideraban también esenciales para los estudiantes de medicina. En ocasiones, la propia astrología era una parte destacada del currículo: en el siglo XV, la universidad de Bolonia tenía su propio pro­fesor de astrología que impartía un curso de cuatro años de duración. La enseñanza astrológica era relativamente uniforme, aunque los estudiantes podían elegir entre diferentes técnicas y sistemas que circulaban en forma de manuscrito. Debido al valor predominantemente práctico de los textos que se ocupaban de los instrumentos y principios de la astrología, estos no solían estar muy decorados, aunque los diagramas formaban parte frecuentemente del aparato explicativo.
El principal instrumento del astrólogo era el horóscopo o carta astral, un mapa simbólico de los cielos en un momento y lugar determinados. En este dibujo el astrólogo trazaba la posición de los siete planetas conocidos (la luna, Mercurio, Venus, el sol, Marte, Júpiter y Saturno) como aparecían en el zodiaco, esto es, la zona centrada según la Eclíptica, el recorrido aparente del sol alrededor de la Tierra. El zodiaco quedaba dividido en doce partes iguales de treinta grados nombradas según las constelaciones: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. El horóscopo se situaba en relación a un lugar concreto de la Tierra superponiendo la división de la Eclíptica sobre el horóscopo, donde aquella se cruzaba con el horizonte y el meridiano a la hora fijada. Esto se denominaba normalmente división en casas y do­taba al horóscopo de su característica estructura en doce espacios (o casas). El método más común para calcular esta división comenzaba con el grado donde la Eclíptica se cruzaba con el horizonte, llamado «ascendente». Entonces el astrólogo construía las divisiones de las seis casas bajo el horizonte siguiendo el orden de la salida de cada signo, y las seis casas sobre el horizonte ordenadas de oriente a occidente, dirigiéndose al ocaso. 
La posición y distancia de los planetas se calculaba con la ayuda de instrumentos tales como astrolabios y cuadrantes, que se enfocaban al sol durante el día y a una estrella importante durante la noche, con el fin de extraer interpretaciones para el año en curso. Tablas astronómicas adaptadas a diferentes latitudes facilitaban el cálculo de la división en doce partes del cielo, así como de las «efemérides», enumerando las posiciones diarias de los planetas. Un ejemplo de estas efemérides nos lo da el primer folio de una serie de tablas con el movimiento de todos los planetas para 1400-1500. Las efemérides para julio de 1450, del cuaderno de notas de un astrólogo londinense del siglo xv, Richard Trewythian, se calcularon probablemente a partir de una tabla de este tipo. Muestra columnas para cada uno de los planetas y los puntos donde la luna se cruzaba con la Eclíptica (denominados caput y cauda draconis) . Bajo los símbolos de estos puntos se encuentran los nombres de los signos del zodiaco en los cuales se sitúa cada planeta. Las filas de la tabla no sólo contienen las posiciones diarias de todos los planetas en grados y minutos sino también, en el lado derecho, símbolos que representan configuraciones o aspectos planetarios significativos que ocurrirían en un día determinado. En la parte baja 
de la tabla Trewythian ha dibujado un horóscopo para un eclipse que ocurrió el 24 de julio de 1450. Sobre él se sitúa una sentencia que predice una guerra para elIde julio, «debido a la cuadratura que forman los dos planetas más grandes (Júpiter y Saturno)>>. En el margen izquierdo toma nota de un acontecimiento terrestre ocurrido el 4 de julio y que coincide con esta predicción: «esta noche las gentes de Kent lucharon en el puente de Londres», en referencia a un episodio de la revuelta de Jack Cade. 

Los horóscopos aparecieron en la Edad Media en una variedad de formas cuadradas y circulares entre las que el de Trewythian es un modelo muy común. Las doce «casas» se cuentan en sentido contrario al de las agujas del reloj desde el triángulo de la izquierda, y se indican los límites de cada casa en cuanto al grado del signo del zodíaco, así como las posiciones'de todos los planetas y de caput y cauda draconis. El cuadrado central de la figura se usaba muy a menudo para escribir información relevante para el horóscopo, como la fecha, el nombre del cliente o la pregunta que necesitaba ser contestada. Una vez hecho el horóscopo, el astrólogo se abre camino a través de varios niveles de significado para emitir un juicio. Cada planeta del horóscopo poseía propiedades naturales, siendo masculino o femenino, diurno o nocturno, cálido, frío, seco o húmedo, benéfico o maléfico, etc. Otros significados dependían de su posición en el horóscopo y de sus relaciones con otros planetas. Los signos del zodiaco se clasificaban también de varias maneras: según los sexos, estaciones y elementos (las cuatro «triplicidades» del fuego, la tierra, el aire y el agua), y los signos «cardinales», «fijos» y «mutables». Todos los planetas gobernaban sobre dos signos, sus «casas», excepto el Sol y la Luna (considerados planetas en la Edad Media), que gobernaban sólo uno. Cuando un planeta estaba presente en un signo sobre el que gobernaba, su influencia era más poderosa, pero si se encontraba en los signos diametralmente opuestos en el horóscopo estaba en su «detrimento», y su influencia se debilitaba. Los planetas también se consideraban fuertes en el signo de su «exaltación», y débiles en su «caída», el signo opuesto a su exaltación. Una representación de Venus realizada en el segundo cuarto del siglo XIV muestra su situación predominante sobre los signos de Virgo (transformado en libra por una mano posterior que le hizo sostener una balanza) y Tauro, así como sus signos de detrimento, Aries y Escorpio. 
Cada signo del horóscopo se dividió más tarde en varias partes, de las cuales las más importantes eran las caras (de diez grados cada una) y los términos (con diversas longitudes) que, como los propios signos, se regían por planetas concretos. La intensidad de la influencia de un planeta en el horóscopo dependía de las «dignidades» que adquiría al ser situado en su propia casa: exaltación, triplicidad, cara o término. El número de puntos que cada dignidad otorgaba queda reflejado encima de un práctico diagrama que presenta una tabla para localizar todas las dignidades que los planetas adquirían en cada signo. En la parte superior del diagrama se revelan las propiedades de cada signo. Piscis, por ejemplo, pertenece a un grupo de signos (a una triplicidad) clasificados como de agua, fríos, húmedos, flemáticos, septentrionales y femeninos. Esta clasificación podía afectar a la interpretación del astrólogo de varias formas. Mientras que la conjunción de los planetas en Libra (signo de aire) en 1186 despertó el temor de terribles vientos, la conjunción en Piscis (signo de agua) de 1524 motivó predicciones de inundaciones. 
Las doce casas eran elementos importantes para la interpretación del astrólogo, ya que se asociaban a diferentes aspectos de la vida de una persona. En el Liber astro­nomicus, del astrólogo del siglo XIII Guido Bonatti (al que Dante situó en el Infierno), se da una típica descripción de los asuntos que trata cada casa: I, la forma y figura de la persona (llamada «el nativo» en los textos astrológicos) y las cualidades de su alma; II, posesiones; III, hermanos; IV, padres; V, hijos; VI, enfermedades; VII, matrimonio; VIII, muerte; IX, viajes y fe religiosa; X, autoridad; XI, amigos; y XII, enemigos. Las casas primera, cuarta, séptima y décima se denominaban casas cardinales o angulares; la segunda, quinta, octava y undécima, sucedentes, y la tercera, sexta, novena y duodécima, cadentes. De los planetas situados en las casas pertenecientes al primer grupo se decía que tenían una elevada influencia, y de los del último, que su influencia era reducida. Varios aspectos de la vida del nativo estaban bajo el gobierno de las «partes», una serie de grados calculados sumando los grados entre dos planetas o dos puntos importantes del horóscopo y un tercer grado (a menudo el ascendente), la más significativa de las cuales era la parte de la fortuna. 
Finalmente, y lo que es más importante, la predicción astrológica dependía de la posición de los planetas los unos respecto a los otros. Las más importantes eran las relaciones angulares entre planetas, llamadas «aspectos», ilustradas aquí con sus símbolos en un horóscopo circular. Una conjunción tenía lugar cuando los planetas parecían ocupar el mismo espacio en el cielo (0°), en oposición estaban separados 180°, en cuadratura 90°, en sextil 60° y en trino 120°. Cada aspecto tenía un significado concreto, negativo o positivo, dentro del horóscopo, y las conjunciones y oposiciones entre planetas se consideraban a veces tan importantes que los horóscopos se confeccionaban especialmente para interpretar su significado. La fuerza de un aspecto dependía de la naturaleza y la posición de los dos planetas implicados, y de si el planeta más veloz se estaba aproximando al planeta con el que estaba formando un aspecto (aplicación) o se estaba alejando de él (separación). Las relaciones entre el Sol y los otros planetas eran particularmente importantes. Si un planeta se encontraba a menos de 17 minutos del Sol (cada grado del horóscopo tenia 60 minutos), estaba «cazimi» o «en el corazón». A me­nos de 8,5°, estaba «combusto», y a menos de 17°, «bajo los rayos». Todo ello tenía un significado diferente para el astrólogo, como revela una representación de Venus bajo los rayos del Sol. Según el texto que la acompaña, cuando el Sol regía sobre el ascendente (Leo), y por tanto se encontraba en una posición desde la que dominaba Venus, regente del Medio Cielo (Tauro, la décima casa de autoridad o Monarquía), en el horóscopo el Sol representaría al Rey.

Fuente: "La astrología en los Manuscritos Medievales" de Sophie Page
publicado por RolandodeSantiago Tarot

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